De la consciencia a la excelencia.

“Dos locos están desayunando en el comedor del manicomio.
-Oye -le dice uno al otro-, ¿por qué tiras los panecillos después de untarlos con mantequilla?
-Porque no me gusta la mantequilla -responde el otro.”

En ocasiones nuestros actos esconden la semilla del error, al igual que en el chiste anterior. Cuando enfrentamos actos simples desde una perspectiva consciente podríamos hacer aparecer a quien está detrás de la acción; a través de esta acción, él o ella remiten a una forma de comprender el mundo, a un mundo emocional y a aquello que alcanzan a vislumbrar como importante.

Las organizaciones que admiramos son guiadas por líderes sobresalientes; estos líderes combinan la humildad personal con la voluntad profesional. Estos líderes, que alcanzan resultados de excelencia, logran descorrer el velo entre la inconsciencia y la consciencia de tal forma que el “loco” deje de estarlo. Ellos o ellas escuchan, reinterpretan, intervienen, muestran lo posible y logran que sucedan varias cosas al mismo tiempo.

¿Sucede lo que esperamos que suceda?, hay ocasiones en que sentimos que el resultado depende más de nosotros que de las circunstancias. Sospecho que esta respuesta nos pertenece, y esa situación no estaría a merced de las circunstancias. Me gusta creer que podemos influir en los resultados probables con el diseño de nuestra respuesta a cada situación. Tener esa elección a la mano es una forma de detentar poder.

El refinamiento de nuestra consciencia exterior e interior nos permitirá regirnos a nosotros mismos y tenerla bajo nuestra voluntad. Paradójicamente, decidir desarrollarla también es una decisión consciente. El origen de la responsabilidad individual es la búsqueda de ese dominio sobre lo que hacemos, sobre lo que sucede, sobre nosotros mismos.
Nuestro foco está puesto en aquello que vemos (los resultados) y, en ocasiones, ese mismo foco nos impide ver aquello que hacemos y más aún ver el ser del cual deviene ese hacer.

Estar conscientes es estar disponibles y atentos a comprender y actuar de manera de honrar nuestras necesidades, valores y objetivos; aquello que nos concierne e inquieta. Estar conscientes es poner atención en los demás: en sus necesidades, valores y objetivos. Y es también tener la voluntad de enfrentar lo hecho, admitir errores y corregirlos.

Ese es el camino a la excelencia: no es un camino excelente sino el camino de un ser con la intención de ser consciente de sus resultados. Alguien que guarda más silencio para poder escucharse y escuchar.

La inconsciencia puede llevarnos a basar nuestras acciones en patrones que quizás ni percibamos, y que están desconectados de nosotros mismos y del entorno. Descorrer el velo para acceder a la consciencia es, como dije antes, un acto consciente. Iluminador.

Muchas veces, ese acto de ampliar nuestra conciencia interna y externa tiene que ver con el tipo de preguntas que nos hacemos: ¿Cuánto de lo que hacemos provoca los resultados que obtenemos? Más tarde, cuando ya hayamos recorrido esta pregunta, podemos proponer a los demás una pregunta parecida.

Una organización de excelencia necesariamente apunta a generar miembros que sean conscientes de sí mismos y de sus colaboradores, usuarios y aliados. De lo contrario, se transforma en un riesgo para los involucrados e interesados en la organización. Apunta a que las personas tengan la autonomía de regirse a sí mismos para estar atentos a sus resultados, a sus actos, al mundo interior que los provoca y a las circunstancias.

La tarea de los directivos del futuro es mantener una estrecha relación entre la consciencia y la excelencia, dado que ya no dirigen máquinas sino personas. Y las personas actúan en función de la consciencia que tienen de sí mismos.

Ser conscientes de nosotros mismos significa: gestionar nuestras emociones, motivaciones y valores; y ser conscientes de los demás en los mismos aspectos, para lograr comunicarnos, negociar y coordinarnos impecablemente, de tal forma que logremos los resultados que esperamos. Y esto apela en todo momento a nuestra responsabilidad incondicional.

Todo esto parece de sentido común, pero lamentablemente estas prácticas no son comunes. No basta con comprenderlas, conocerlas y ser capaces de recitarlas de memoria. Es necesario llegar a ellas desde la acción presente.

Una investigación llevada a cabo a lo largo de más de 20 años, concluyó que “los colaboradores talentosos necesitan directivos excelentes” (Gallup). En consecuencia, para atraer a colaboradores conscientes, los directivos deben ejercer el liderazgo consciente y lograr que los colaboradores actúen con excelencia, ya no desde el acatamiento exterior sino más bien desde compromiso interior; el compromiso referido a sus propias motivaciones.

¿Cómo transformamos nuestro ser para permitirnos otros haceres y obtener otros resultados?. Una posibilidad es seguir el hilo de los resultados para llegar hasta nuestros actos y luego moverlo suavemente para observar de qué manera estos penden de nuestras creencias. Ese sería el primer paso hacia el ser conscientes y acceder a la excelencia.

Omar Cid

Omar Cid

Consultor Organizacional, con foco en aprendizaje, innovación, emprendimiento y planificación sistémica. Con experiencia docente en universidades del Bío-Bío, Adolfo Ibáñez, U. Mayor, Católica de la Santísima Concepción, U. de Talca, San Sebastián y Santo Tomás.
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One response to “De la consciencia a la excelencia”

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