¿El huevo o los gallineros?: La Innovación como un resultado Social.

Hemos aprendido que un invento se atribuye a una persona en particular (la máquina de vapor se le atribuye a James Watt, por ejemplo), un relato ha sido más en concordancia con la creciente tendencia a la protección de la propiedad intelectual y a su premio asociado que aceleró el proceso de desarrollo tecnológico.

Pero esta versión no explica cómo sucede la innovación y la creación de valor a lo largo del tiempo y tampoco por qué se concentra en ciertos países y en ciertas zonas y ciudades.

De esta forma, la reconstrucción histórica de la máquina de vapor atribuida a Watt en 1769, se reinterpreta al saber que la supuesta invención ocurrió durante la mantención que hacía Watt a una máquina de vapor existente atribuida a Newcomen, que la había inventado 57 años antes, de las que ya se habían fabricado más de 100 ejemplares. Y décadas antes de la máquina de Newcomen estaba la de Savery, patentada en 1698, que fue diseñada después de la del Francés Papin en 1680 y que tuvo de precursores al holandés Christiaan Huygens y otros.  

Leyendo el relato podríamos agradecer el aporte de Watt, pero de ahí decir que él “inventó” la máquina sería entendida como una exageración. Y al mismo tiempo podemos apreciar que el fenómeno ocurre en una región específica y sus últimos avances se concentran más en Inglaterra, lo que no es casualidad.

Hay explicaciones contemporáneas que atribuyen este recorrido particular a la concentración de bares y cafeterías – explicación que me atrae -, donde se señala que el éxito de estos lugares se asocia a la horizontalidad de las relaciones en algunos lugares de Inglaterra. Es decir, miembros de diferentes clases sociales o castas se reunían a conversar en estos lugares.

Esta es la punta del iceberg sociopolítico que sólo vendría a demostrar cómo las relaciones sociales, los niveles de participación, la difusión de la educación crítica, la estructura política que facilita la renovación económica de la sociedad entera (y no sólo de un grupo), comienza a adquirir relevancia como hipótesis del fenómeno.

El desarrollo de un tecnología compleja e integrada pasa por diferentes vertientes, asociadas al contacto y relaciones entre agentes de una comunidad o territorio que poseen ciertos factores facilitadores: lenguaje común, oportunidades de contacto, excedentes reinvertidos en el desarrollo de la tecnología asociada al descubrimiento, conservación colectiva de la tecnología, difusión en redes que superan la vida de sus miembros (gremios, universidades, escuelas, institutos, las mismas empresas y los gobiernos locales). Para esto es crucial la cercanía y la filtración de avances o descubrimientos de otros centros, propios o extranjeros.  

La construcción de la máquina de vapor, el desarrollo de un plato gastronómico en particular, el desarrollo de un tipo de embarcación, un dispositivo para la agricultura, el desarrollo de un lenguaje escrito, incluso un arma son la suma de progresos dentro de la tradición “tecnológica” de una comunidad.

La innovación históricamente ocurriría por “acumulación, en lugar de actos heroicos aislados” y desde sus versiones iniciales su uso final no es precisamente con el cual se originó. Y por lo visto muchas de las innovaciones en el mundo son importadas y mejoradas, pero tienen poco de originalidad local. Dado que la “tecnología engendra más tecnología” la importancia del invento estriba más en su difusión que en su uso original, generando un “proceso autocatalítico” que se acelera a sí mismo.

Entonces, es más propicio imaginar lugares de encuentro y concentración en donde se gatillen las libertades de la creatividad y la acción, que permita jugar, conectarse, desconectarse, como un gimnasio de la innovación. Y desplegarse en superficies más grandes que sólo una sala, un taller o en un edificio en particular; debemos ir promoviendo la concentración e interacción de espacios como barrios, las calles, ciudades y en territorios acotados en donde tengamos muchos gallineros y dejemos de preguntarnos qué es primero, porque ya tendremos el contexto y los resultados.

Omar Cid

Omar Cid

Consultor Organizacional, con foco en aprendizaje, innovación, emprendimiento y planificación sistémica. Con experiencia docente en universidades del Bío-Bío, Adolfo Ibáñez, U. Mayor, Católica de la Santísima Concepción, U. de Talca, San Sebastián y Santo Tomás.
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